
Comenzaba el día en la sala de un hospital, un lugar que para muchos no es muy agradable de estar ahí, pero para otros no hay opción, ese es el único lugar donde se encuentran mejor, donde hay gente hospitalizada que pasa el resto de sus días en ese lugar, como en aquella sala donde habían unos ancianos que compartían habitación, los dos se encontraban muy enfermos allí, el señor que estaba hacia el lado de la ventana por lo menos podía sentarse en la camilla, en cambio el que se encontraba al lado de la puerta no podía siquiera sentarse, por lo que el señor que se encontraba al lado de la ventana le narraba todo lo que veía por la ventana hacia fuera, al señor que estaba al lado de la puerta, esto hacia que a ambos se les pasara el día más rápido, y aunque el señor de al lado de la puerta no podía mirar hacia afuera, el otro señor le comentaba lo que ocurría, le comentaba que había una gran plaza, llena de árboles, con una laguna al medio, donde todos los días se veía algo diferente, una pajea tomados de la mano paseando por el parque, unos niños jugando en los columpios, o una banda tocando música, y aun que el señor que estaba al lado de le ventana no podía ver, lograba imaginárselo muy bien en su cabeza, ya que el otro señor se lo contaba con gran detalle. Una mañana algo ocurrió, el señor de al lado de la puerta veía que su compañero no despertaba y llamo a la enfermera, esta vino y se percato que el anciano estaba muerto, se había ido en el sueño, el otro anciano muy triste después de quedar solo en la habitación le pidió a la enfermera que trasladara su camilla al lado de la venta, ella lo hizo con placer y el señor al instante en que se quedo al lado de la ventan se dio cuenta que no podía ver, pues no podía sentarse, es así como uso la mayor de sus fuerzas y se apoyo en sus codos y estiro el cuello, al mirar por la ventana quedo sorprendido, pues detrás de esta solo había una muralla blanca, no había ninguna plaza, ni parque, ni niños jugando, y sorprendido le comento a la enfermera que el señor que había fallecido le comentaba lo que ocurría en la plaza que estaba afuera, pero la enferma con impresión y angustia solo le respondió :
- eso es imposible!, el señor que acaba de morir, era ciego.
El anciano no lo podía creer y antes de que pudiera hacer cualquier otra cosa la enferma le dijo:
- Quizás, él solo quería regalarle un buen momento.
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